Por Antonio Tejeda Encinas, S.J.D. | Presidente del Comité Euroamericano de Derecho Digital | CEO de Meta Channel Corporation. | Autor del concepto Praxis House.
De la categoría emergente a la arquitectura en consolidación
Cuando en Praxis House: una nueva categoría organizativa propusimos este concepto, sabíamos que estábamos nombrando algo más que una simple variante de consultoría. Ese término, inicialmente recibido con curiosidad y escepticismo, ha dejado de ser un neologismo desconcertante para convertirse en un marco referencial en consolidación. Praxis House deja de presentarse solo como novedad teórica para perfilarse como una categoría con sustancia propia, capaz de reconfigurar la forma en que entendemos la ejecución estratégica en las organizaciones.
Haber acuñado Praxis House obedeció a una necesidad palpable: cerrar la brecha histórica entre la formulación de grandes visiones y su realización efectiva. Hoy, esa necesidad es difícilmente discutible en el debate contemporáneo sobre gestión y ejecución estratégica. La idea central, integrar pensamiento y acción bajo un mismo techo organizativo, ha pasado de ser una intuición atrevida a un principio que empieza a asentarse en la práctica allí donde se toma en serio la brecha entre estrategia y ejecución. La Praxis House se afianza así como arquitectura operativa: un espacio de acción estratégica reflexiva donde la ejecución deja de ser un apéndice táctico para erigirse en el núcleo mismo del valor organizativo.
Esta consolidación conceptual implica que la Praxis House ya no necesita explicarse únicamente en oposición a la consultoría tradicional, sino que puede articular su propia lógica interna. Se perfila una identidad diferenciada: no es consultora, no es mera proveedora de servicios, sino arquitecta y constructora de estrategias en acto, socio ejecutor que toma responsabilidad compartida en los resultados. En términos prácticos, esto apunta a un criterio para distinguir cuándo una organización opera bajo el paradigma Praxis House: alineación de incentivos a largo plazo, presencia en la trinchera operativa y compromiso real con la transformación. La categoría tenderá a consolidarse en la medida en que demuestre su eficacia y profundidad conceptual, trascendiendo la etiqueta para convertirse en modelo operativo reconocible.
Expansión del marco de aplicación
Con el concepto más definido, se abre un horizonte para expandir su marco de aplicación más allá de los casos pioneros. En sus inicios, la Praxis House se formuló desde nuestra propia práctica corporativa de META Channel Corporation, integrando estrategia, tecnología y gobernanza legal en proyectos transnacionales. Hoy vislumbramos su pertinencia en múltiples contextos organizativos. Cualquier ámbito donde la distancia entre plan y ejecución esté comprometiendo resultados es terreno fértil para esta arquitectura.
Se observa cómo en la era de la transformación digital y la disrupción tecnológica, las organizaciones requieren algo más que diagnósticos: necesitan capacidad de implementación integrada. Allí una Praxis House despliega todo su sentido. Sectores tradicionales que enfrentan la adaptación a nuevas realidades (desde industrias reguladas hasta entidades públicas) pueden beneficiarse de un partner que no solo asesore sino que corresponsablemente ejecute cambios estructurales. Del mismo modo, empresas emergentes de rápido crecimiento, a menudo cortas de estructura ejecutiva madura, encuentran en la filosofía Praxis House un atajo para profesionalizar su operativa sin perder agilidad: equipos externos que se incrustan temporalmente, aportando metodología y acción enfocada, hasta que la organización pueda sostener por sí misma la nueva escala.
La aplicación del concepto trasciende también las fronteras sectoriales y geográficas. En entornos multinacionales, donde la complejidad cultural y legal dificulta la ejecución uniforme de la estrategia, un enfoque Praxis House ofrece coherencia sinérgica: actúa como orquestador global, asegurando que la visión estratégica se materialice respetando matices locales pero con estándares compartidos de excelencia operativa. Incluso a nivel de alianzas público-privadas, comienza a vislumbrarse la figura de entidades que operan bajo esta lógica, acelerando proyectos de innovación y cambio estructural con un pie en la estrategia gubernamental y otro en la implementación concreta sobre el terreno.
En suma, el marco de aplicación de la Praxis House se expande allí donde haya una brecha entre la teoría y la práctica, entre el “qué” y el “cómo”. Su versatilidad radica en que más que un sector o industria, define un modo de intervenir: integral, adaptativo y resultante. De este modo puede injertarse tanto en proyectos de transformación digital, como en reorganizaciones corporativas, lanzamientos de nuevas unidades de negocio, procesos de internacionalización o iniciativas de cumplimiento regulatorio de alta complejidad.
Donde otros actores se limitan a aconsejar o a proveer mano de obra desarticulada, la Praxis House configura una arquitectura de ejecución end-to-end al servicio de la visión estratégica del cliente.
Choque con la inercia corporativa: dilemas y resistencias
Plantear la Praxis House como categoría en consolidación no significa que su despliegue en el mundo real esté exento de obstáculos. Al contrario, los entornos corporativos dominados por modelos inerciales presentan dilemas y resistencias que ponen a prueba la fortaleza del concepto. Nombrarlos con honestidad es parte del proceso de maduración teórica y práctica.
Un primer dilema surge de la naturaleza híbrida de la Praxis House. Al insertarse tan profundamente en la operación del cliente, ¿no corre el riesgo de diluir la frontera entre externo e interno, generando recelos en la organización receptora? Es frecuente que las estructuras tradicionales, celosas de sus dominios y jerarquías, vean con suspicacia a un agente externo que adquiere protagonismo en la ejecución. Esta reacción inercial puede traducirse en obstáculos velados: falta de cooperación de mandos intermedios, resistencia pasiva al cambio o tendencia a reducir al nuevo actor a la etiqueta familiar de “otra consultora más”. Para superar este escollo, la Praxis House debe desplegar no solo competencias técnicas sino también diplomacia organizativa: comunicar claramente su papel de aliado, demostrar respeto por la cultura interna y, sobre todo, ganar credibilidad a través de victorias tempranas que conviertan a los escépticos en aliados. La consolidación pasa por vencer esa inercia cultural con resultados tangibles y una integración respetuosa.
Otro desafío radica en la pérdida percibida de objetividad. Como señalaban algunas voces críticas, un involucramiento tan profundo “contamina” la independencia del consultor tradicional. La Praxis House responde a este reparo mostrando que existe una objetividad superior: la que emana de la realidad contrastada. Su análisis no se basa en presentaciones pulidas desligadas de la implementación, sino en datos y vivencias del campo de operaciones. No obstante, debe cuidarse el equilibrio: abrazar la causa del cliente no implica mimetizarse acríticamente con sus sesgos. Aquí reside una tensión productiva que exige perfiles profesionales singulares, “pensadores-accionadores” de visión bifocal, capaces de alternar entre la perspectiva estratégica amplia y la inmersión en el detalle operativo sin perder distancia crítica. Cultivar esa bifocalidad es un reto constante: evita caer en la miopía de la operación diaria a la vez que impide recaer en la torre de marfil de la consultoría desconectada.
También está el riesgo de dependencia. Si la Praxis House se vuelve indispensable para ejecutar, ¿no podría atrofiar las capacidades internas del cliente? Esta es una preocupación legítima en entornos acostumbrados a soluciones externalizadas que a la larga debilitan el músculo propio. La visión estratégica de la Praxis House madura contempla este dilema y lo convierte en parte de su propuesta de valor: lejos de suplantar la capacidad interna, busca potenciarla y dejar un legado. Una intervención bien llevada debe producir no solo resultados inmediatos, sino aprendizaje organizativo. La Praxis House ideal actúa también como mentora estructural, transfiriendo metodologías, instalando cultura de ejecución y formando equipos internos durante el proceso. Así, al finalizar su participación, la organización cliente no queda huérfana, sino más fuerte y autónoma que antes. Sin embargo, para lograr esto hace falta generosidad estratégica y honestidad profesional: no aferrarse a prolongar indefinidamente el contrato por interés propio, sino definir de entrada una transición donde la propiedad de la praxis pase de la Casa a la empresa. En un mercado plagado de agentes aferrados a sus nichos de negocio, romper esa inercia de dependencia intencionada supone un posicionamiento ético y político distinto, coherente con la filosofía de empoderamiento que proclama.
Por último, no podemos ignorar la inercia del propio mercado de servicios profesionales. Las grandes consultoras y firmas de asesoría, hegemónicas durante décadas, no cederán su posición sin pugna. La Praxis House disputa no solo un espacio de mercado, sino una hegemonía conceptual: la forma “correcta” de ayudar a las empresas. Es previsible encontrar intentos de cooptación (consultoras tradicionales rebautizando servicios de implementación como si fuera lo mismo) o reduccionismo cínico que tache a la Praxis House de simple estrategia de marketing. Frente a ello, el concepto debe afirmarse con rigor: mostrando diferencias sustanciales en contratos (vinculación a resultados, mayor exposición al riesgo), en modus operandi (equipos híbridos integrados, largo plazo) y en mentalidad (vocación de transformación real vs. informe complaciente). Solo con esa claridad podrá resistir la absorción por la narrativa dominante y mantener su filo innovador.
Hacia la integración plena: arquitectura operativa y hegemonía organizativa
Superados los dilemas iniciales, el siguiente desafío estratégico es proyectar la Praxis House como una arquitectura organizativa plenamente integrada en el ecosistema corporativo. Esto plantea la posibilidad de elevar el concepto de categoría emergente a nuevo estándar de organización del trabajo estratégico. En vez de ser la excepción visionaria, la Praxis House aspira a competir por la primacía como modelo de referencia en la ejecución de la estrategia. ¿Qué significa esto en la práctica? Que en los consejos de administración y comités ejecutivos, a la hora de abordar la siempre espinosa pregunta del “¿Cómo vamos a lograrlo?”, la figura de una Praxis House esté tan internalizada como hoy lo está la de una consultora o un departamento interno. En otras palabras, normalizar su presencia hasta disputar la hegemonía de los enfoques tradicionales.
Para que esto ocurra, los casos de éxito deberán proliferar y comunicarse con transparencia, de modo que la Praxis House deje de percibirse como un experimento aislado y pase a ser una apuesta segura (o al menos, tan segura como cualquier intervención estratégica puede serlo en entornos VUCA). La consolidación de la categoría vendrá de la mano de un historial contrastado de proyectos donde la ejecución guiada por este nuevo modelo marque la diferencia frente a enfoques convencionales. En este punto, los datos y métricas de impacto serán aliados para convencer a los escépticos: tiempos de implementación acortados, porcentajes mayores de objetivos estratégicos cumplidos, mejoras sostenibles en capacidades internas post-proyecto, etc. La Praxis House deberá mostrar, con evidencia empírica, que no solo promete resultados sino que los entrega y perduran.
El segundo avance es de estructuración. Para que sea una arquitectura organizativa real, hará falta desarrollar marcos metodológicos y de gobernanza que permitan replicar el modelo a escala. Así como la consultoría clásica profesionalizó sus metodologías y estándares a lo largo del siglo XX, la Praxis House deberá articular las suyas propias. Esto incluye definir con claridad los procesos de integración con el cliente (¿cómo se inserta el equipo en la jerarquía existente? ¿con qué grado de autoridad?), los mecanismos de rendición de cuentas compartida (¿cómo se reparten responsabilidades formales entre ejecutivos internos y líderes Praxis House durante el proyecto?), y los códigos de ética operacional (para navegar la delicada zona entre ser externo e interno). Gran parte de esta estructuración se irá nutriendo de la práctica, refinándose con cada nuevo proyecto, pero es crucial sistematizar ese aprendizaje. Al final del camino, imaginar una “doctrina Praxis House” no es descabellado: un cuerpo de conocimientos, principios y mejores prácticas que pueda enseñarse, transmitirse y adoptarse ampliamente, garantizando consistencia sin ahogar la flexibilidad situacional que caracteriza al modelo.
Un tercer frente es el cultural y político. Disputar la hegemonía organizativa vigente implica entrar en el terreno de los valores y las narrativas dominantes de la gestión. La Praxis House debe articular un discurso de cambio convincente: uno que apele a la responsabilidad, a la acción efectiva y a la adaptabilidad estructural como virtudes necesarias en la época actual. Este discurso desafía indirectamente la comodidad de la planificación sin compromiso y la consultoría de recomendaciones sin consecuencia. Aquí, posicionar el concepto en ámbitos de influencia (foros empresariales, círculos académicos de management, publicaciones especializadas) es parte de la labor. No para caer en autopromoción vacía, sino para contribuir a un cambio de paradigma en cómo pensamos la ejecución. En la medida en que líderes de opinión, académicos y directivos incorporen en su lenguaje la distinción entre “estrategia en papel” y “estrategia en praxis”, estaremos más cerca de que la Praxis House deje de ser una alternativa minoritaria y se convierta en nuevo mainstream de la gestión estratégica. Al final, disputar la hegemonía significa proponer una visión del mundo organizativo en la cual no se concibe ya divorcio alguno entre pensar y hacer, y en la cual se valora tanto la arquitectura institucional como la capacidad ejecutora que la anima.
Consolidación, disputa y transformación
La evolución del concepto Praxis House de idea novedosa a categoría en vías de consolidación marca un hito en nuestra manera de abordar la estrategia. Pero esta consolidación no es un punto de llegada, sino el punto de partida de una disputa mayor: la de transformar las reglas del juego organizativo imponiendo la praxis como elemento indisociable del diseño estratégico. Hemos profundizado en su marco de aplicación, demostrando que su lógica es transversal a industrias y contextos. Hemos reconocido sin ambages los dilemas y resistencias que enfrenta en entornos lastrados por la inercia, no para retroceder, sino para afinar nuestras respuestas. Y proyectamos un futuro en el que la Praxis House se integra plenamente como nueva arquitectura organizativa, obligando a evolucionar a los demás actores del ecosistema.
Con voz firme, podemos afirmar que la Praxis House ya no es solo una hipótesis ni un eslogan: es una realidad operativa en construcción, con fundamentos teóricos sólidos y lecciones empíricas acumuladas. Queda camino por recorrer para que esa realidad dispute de tú a tú la hegemonía a los modelos tradicionales. Ese camino exigirá tenacidad estratégica, generosidad para colaborar y formar a las organizaciones cliente, y una ética del compromiso inflexible. Pero los indicios son claros: las empresas que abrazan esta filosofía de acción integrada comienzan a cerrar la brecha crónica entre lo que planifican y lo que logran.
Al reforzar la voz de quien escribe —un pensador organizativo desde la práctica ejecutiva y jurídica— subrayo que este no es solo un constructo intelectual, sino una apuesta vivencial. Cada proyecto acometido bajo el sello Praxis House de META Channel Corporation, robustece la convicción de que otra manera de hacer estrategia es posible. Una manera en que las ideas no mueren en el papel, en que la responsabilidad no se delega al infinito, en que la ejecución no es un arte menor delegado a terceros sin rostro. Es una manera de concebir la organización como un ente vivo donde pensar y hacer laten al unísono.
La Praxis House se consolida entonces como categoría y camino en construcción. Sus próximos retos definirán cuánto podrá escalar y permear el tejido empresarial global. Si logra convertir su enfoque en nueva norma, disputando y quizás reemplazando la vieja hegemonía de la consultoría desligada de la acción, estaremos ante una transformación estructural de gran calado. En última instancia, el éxito de la Praxis House no se medirá solo en proyectos cumplidos, sino en haber influido en un cambio de mentalidad: aquel por el cual dejamos de aceptar la brecha entre la visión y la ejecución como un mal inevitable, y empezamos a exigir, y a construir, organizaciones donde la praxis estratégica sea la base de una nueva excelencia. En esa lucha por el futuro de la gestión, la Casa de la Praxis ya ha plantado su cimiento; depende de nosotros seguir elevando su arquitectura hasta disputar las alturas de la organización del mañana.
















