La tokenización no es una tecnología financiera, es una compensación institucional del derecho de propiedad.
Antonio Tejeda Encinas | CEO Meta Channel Corporation | División de TokenLab
El debate sobre activos digitales se ha construido sobre dos ejes cómodos: tecnología y regulación. Se discute si la blockchain es útil y si la norma es suficiente. Ninguna de las dos cosas explica realmente por qué unas sociedades adoptan masivamente estos instrumentos y otras apenas los necesitan.
La adopción no sigue a la innovación. Sigue a la función económica que falta.
Mientras se analice la tokenización como producto tecnológico o financiero, el fenómeno seguirá pareciendo irregular: entusiasmo extremo en algunos países, tibieza institucional en otros. En realidad el comportamiento es perfectamente coherente. Lo que cambia no es la tecnología, sino el papel que se ve obligada a cumplir dentro del sistema económico.
La función olvidada del dinero
El dinero no es solo un medio de pago. Es una infraestructura institucional que permite tres operaciones simultáneas: conservar valor en el tiempo, transmitirlo entre personas y hacerlo oponible frente a terceros.
Cuando esas tres funciones están garantizadas por el sistema financiero, los activos cumplen un papel inversor. Cuando alguna falla, los activos pasan a cumplir un papel monetario.
Ahí nace la diferencia estructural. No entre países ricos y pobres, sino entre sistemas donde el dinero es suficiente y sistemas donde el patrimonio debe sustituirlo.
Cuando el sistema funciona: digitalización para eficiencia
En economías financieramente estables el inmueble, la deuda o la participación societaria ya tienen mercados secundarios, mecanismos de valoración y acceso a financiación. La tokenización entra en ese contexto como optimización operativa.
El inversor aporta capital porque puede salir. La liquidez no es el objetivo final, es la condición para financiar.
El activo digital aquí no reemplaza al sistema: compite con él en eficiencia. Reduce fricción de transmisión, mejora la granularidad de mercado y amplía la base inversora, pero el fundamento económico sigue siendo la inversión productiva. Se tokeniza para atraer capital hacia el activo.
Cuando el sistema no funciona: digitalización para sustitución
Cuando el dinero deja de ser reserva fiable de valor, la sociedad desplaza esa función a activos reales. El inmueble, el dólar físico o determinados vehículos patrimoniales pasan a ser mecanismos cotidianos de ahorro.
En ese contexto la tokenización no busca financiar nada. Busca mover valor sin destruir la posición patrimonial. No aparece para mejorar el mercado financiero, sino para evitarlo.
El activo digital deja de ser instrumento inversor y pasa a ser infraestructura económica paralela: permite transmitir ahorro, fragmentarlo y hacerlo portable sin depender del sistema monetario. Se tokeniza para poder circular riqueza ya existente.
El laboratorio inmobiliario
El inmobiliario permite ver la diferencia con total claridad.
En sistemas financieros estables, fraccionar derechos económicos sobre un inmueble sirve para captar recursos que permiten adquirirlo o desarrollarlo. El inversor inicial financia el activo porque sabe que existe una salida posterior.
En sistemas monetarios frágiles, el inmueble ya está financiado. Lo que se busca es poder convertir parte de ese valor en liquidez sin perder la posición frente a la inflación o el riesgo bancario. Misma herramienta, naturaleza opuesta.
En un caso entra capital al sistema productivo. En el otro se redistribuye el ahorro dentro del sistema patrimonial.
Sin embargo, la frontera entre ambos contextos no siempre es nítida. En algunos mercados intermedios (ni totalmente estables ni hiperfrágiles) ambas lógicas coexisten y se retroalimentan. Por ejemplo, en partes de Latinoamérica o África subsahariana, la tokenización a veces empieza como preservación de valor, permitiendo a locales proteger su patrimonio frente a inflación o inestabilidad bancaria, pero luego genera efectos de atracción de capital externo que no estaban previstos inicialmente. Plataformas que nacen para ofrecer liquidez a propietarios locales terminan captando inversores institucionales o extranjeros interesados en yields atractivos en mercados emergentes, creando un flujo bidireccional: salida parcial de valor patrimonial hacia liquidez global y entrada de nuevo capital hacia proyectos reales. Esta hibridación acelera la maduración del ecosistema y complica aún más la aplicación de marcos regulatorios uniformes.
El error conceptual de la democratización
Se suele afirmar que la tokenización democratiza la inversión. La afirmación es imprecisa.
No democratiza la propiedad ni abarata el acceso económico. Lo que estandariza es la transmisibilidad jurídica de la posición económica.
El cambio no es social sino operativo: el derecho deja de renegociarse cada vez que cambia el titular y pasa a circular como unidad autónoma. El activo permanece; la posición se mueve.
No hay más propietarios del inmueble. Hay más capacidad de intercambio del derecho económico ligado a él.
Infraestructuras jurídicas preexistentes
Muchas jurisdicciones ya operaban de facto bajo esta lógica antes de la digitalización. Cesiones privadas, participaciones económicas informales o vehículos fiduciarios cumplían funciones equivalentes: permitir circulación de valor sin alterar el activo subyacente.
La tecnología no crea el fenómeno. Lo formaliza y lo hace verificable. La tokenización no introduce una práctica nueva; introduce certeza sobre una práctica existente.
La consecuencia inesperada
La innovación financiera no sigue a la riqueza ni al desarrollo tecnológico. Sigue a la fricción institucional. Donde el sistema monetario es suficiente, la digitalización busca eficiencia. Donde no lo es, la digitalización construye infraestructura alternativa. Por eso la adopción parece desigual cuando en realidad responde a una misma lógica adaptativa.
Implicaciones regulatorias
Intentar aplicar idénticos marcos normativos en contextos distintos genera disfunciones previsibles. Regular como producto financiero algo que se utiliza como instrumento patrimonial produce sobrecoste o desplazamiento hacia informalidad.
La divergencia no es jurídica sino funcional: se está legislando sobre mercados de inversión donde en realidad operan mecanismos de preservación de valor.
Por dicho motivo y otros,
La tokenización no pertenece estrictamente a la industria financiera ni a la tecnológica. Pertenece a la evolución del derecho de propiedad bajo distintos niveles de confianza institucional.
En entornos estables optimiza mercados. En entornos inestables sustituye al dinero.
La misma herramienta no transforma los activos; revela qué función económica el sistema existente es incapaz de cumplir.

